17 septiembre, 2006
Becarios venezolanos en Cuba: Ven a mi salita, le dijo la araña a la hormiguita
UN SOBREVIVIENTE
Gustavo Azocar Alcalá

San Cristóbal.- Muchos meses antes de que un grupo de oficiales venezolanos se fuera a Cuba como parte de la Promoción Fidel Castro, con viáticos y gastos pagados por la revolución bolivariana, un contingente de jóvenes venezolanos, llegados de Zulia, Caracas, Miranda, Carabobo, Anzoátegui, Mérida, Trujillo y Táchira, vivió en la ciudad de La Habana una de las experiencias más dramáticas y espeluznantes de sus vidas.
Eran aproximadamente dos mil jóvenes (un millar de Zulia, 180 de Táchira, 200 de Miranda, 120 de Mérida, 40 de Anzoátegui, 60 de Carabobo, 400 de Caracas), con edades entre 18 y 30 años, la mayoría de los cuales fueron convencidos de ir a Cuba en marzo de 2004, para realizar un Curso de Formación de Trabajadores Sociales, con la promesa de que a su regreso, dos meses más tarde, conseguirían trabajo -y salario- fijo y la estabilidad económica y social que no tenían en ese momento. Muchos de ellos desconocían, sin embargo, que la gran prueba sería un camino lleno de obstáculos. Uno de los casi dos mil jóvenes que viajó a La Habana en marzo de 2004, decidió contar la historia de aquel dramático viaje al denominado "mar de la felicidad". Su nombre: Douglas Eduardo Hidalgo Vargas, titular de la cédula de identidad 13.153.153, nacido en Capacho, Estado Táchira.
Hidalgo es reservista, y desde 1998 fue cautivado por el discurso revolucionario de Hugo Chávez Frías. En el año 2003 se fue como voluntario a colaborar con la Revolución. Llegó al Fuerte Murachí, en Vega de Aza, y se integró a la reserva, entre otras cosas, porque no tenía trabajo, su mamá estaba enferma y escuchó al Presidente decir que quienes pertenecieran a la reserva recibirían un salario.
De reservista a balsero
Cuando se encontraba en la reserva, Hidalgo fue invitado a integrar la Quinta Avanzada del Frente de Luchadores Sociales Francisco de Miranda, una organización prochavista, conformada mayoritariamente por jóvenes venezolanos que serían enviados a la Isla de Cuba a un curso de formación y preparación revolucionaria, y que tiempo después, se haría cargo del proceso de cedulación llamado Misión Identidad. "Nos hicieron un examen que daba risa. Tenía cinco preguntas muy estúpidas, como por ejemplo, ¿cómo se llama el presidente de Brasil? Juan Pablo Segundo, Diego Maradona, Pelé, o Lula Da Silva?". Hidalgo dice que se fue emocionado, como parte de la Quinta Avanzada. Las avanzadas eran delegaciones integradas por más de mil jóvenes, que salían cada dos meses desde Caracas con destino a La Habana. Cada avanzada era instalada en una escuela o en una universidad de La Habana. La mayoría de las veces las delegaciones llegaban a sitios diferentes, de modo que cada grupo se identificaba por el nombre de la escuela o la universidad donde había sido hospedado.
Antes que Douglas y su grupo llegaran, unos 8 mil jóvenes ya habían estado en el "mar de la felicidad". Los cursos de formación en La Habana comenzaron a mediados de 2003. Douglas cuenta que él y sus amigos salieron del terminal de pasajeros de San Cristóbal, a bordo de una unidad de Expresos Los Llanos, el 11 de marzo de 2004. Viajaban 180 jóvenes tachirenses en aproximadamente cuatro autobuses. Llegaron a Caracas el 12 de marzo. Les dieron un pasaporte provisional. "Era una hoja de papel, con unas estampillas y un sello. Costaba 7 mil 500 bolívares". Partieron hacia La Habana el 13 de marzo. Se fueron en un vuelo de Cubana de Aviación que despegó desde la rampa 4 del aeropuerto de Maiquetía; es decir, desde la rampa presidencial. En el avión, Douglas se enteró que su delegación la integraban 2.000 jóvenes, de los cuales mil eran del Estado Zulia, 180 del Táchira y el resto de Carabobo, Miranda, Mérida, Trujillo, Caracas y Anzoátegui, y otras partes del país. "Habían muchas mujeres, algunas de ellas casadas, algunos profesionales, estudiantes y hasta turistas, gente que lo que en realidad quería era pasear gratis".
Rutina en La Habana
Una vez en la capital cubana, fueron recibidos con un coro que decía "¡Uh, ah, Chávez no se va!". Los instalaron en la sede de una universidad y comenzó la rutina. Douglas Hidalgo resume así uno de los días típicos en la isla: 5:00 am Toque de diana, como en el Ejército. Himno de "Uh, ah, Chávez no se va". Música de Silvio Rodríguez o Alí Primera. 6:00 am Desayuno. La comida era abundante. Tanto, que algunos le regalaban la mitad a los mesoneros. "Yo le pregunté a una señora si en Cuba se comía tanto así. Y ella me respondió que para los venezolanos la comida sobraba, pero para los cubanos no había nada". 7:00 am Obra teatral en el auditorio. El montaje siempre tenía que ver con el tema de la revolución, contra el imperialismo o contra los yanquis. 8:30 am Clases en salones. Veíamos siete materias: psicología, castellano, organización de trabajo comunitario, trabajo comunitario, comunicación social y pensamiento bolivariano. 11:00 am Almuerzo. Comíamos en cuatro turnos, cada uno de 500 personas. 1:00 pm Clases otra vez, con las mismas materias. 6:00 pm Cena. 7:00 pm Conferencia dictada por un funcionario del gobierno. Siempre empezaban igual: "Somos un país con 45 años de lucha contra Estados Unidos y el imperialismo".
Algunas veces hablaban de Elián González. Terminaba a las 10 de la noche. A esa hora daban una merienda. 11:00 pm Se nos ordenaba hacer las tareas hasta la 1:00 am. Luego a dormir hasta las cinco de la mañana para comenzar otra vez. Douglas cuenta otro detalle de su adoctrinamiento: "Todas las noches nos daban un cigarro horroroso de muy mal sabor. Nos daban de tres a seis cajas semanales. Mucha gente se enfermó con esos cigarros. Podría decirse que Cuba es la única parte del mundo donde los profesores les regalan cigarros a los alumnos".
Suicidio a la cubana
Douglas Hidalgo cuenta que muchas personas que se fueron en la Quinta Avanzada, se enfermaron. Algunas intentaron suicidarse tomando pastillas. "En mi unidad hubo cuatro intentos de suicidio. Personas que se querían regresar a Venezuela y no las dejaban, estuvieron a punto de quitarse la vida. El curso se transformó en algo insoportable. Apenas podíamos dormir cuatro o cinco horas diarias. No podíamos salir, en todo momento estábamos vigilados. Nos impedían hablar con la gente. No podíamos llamar por teléfono a nuestras familias en Venezuela. Estábamos aislados". Entre quienes atentaron contra su vida estaban dos jóvenes provenientes de Maracaibo. Dice Douglas que "se tomaron un montón de pastillas". Estaban obstinadas, desesperadas porque no podían hablar con sus padres. "Llamar por teléfono a Venezuela era imposible, porque una tarjeta costaba cinco dólares. Además, nos tenían acosados y hostigados con el ritmo de trabajo, la madrugadera, las clases y las conferencias". Habla también de una muchacha tachirense, de la población de La Concordia, que intentó quitarse la vida. Se escapó varias veces, porque quería regresar. Estaba tan deprimida que la regresaron en el primer vuelo que salió para Maiquetía. Dice que a otras personas tuvieron que llevarlas al psicólogo. "Muchas de las personas que viajaron creyeron que iban a un viaje de placer. Pensaron que iban a disfrutar, a bailar, a gozarse la vida en Varadero y a bailar en el Tropicana. A muchos, el curso no les importaba para nada, porque la intención era viajar y disfrutar. Cuando se dieron cuenta de dónde estaban metidos, enloquecieron. Hubo jóvenes que se tomaron diez pastillas y que preferían morirse antes que seguirse calándose eso". Dos islas diferentes "Estando en Cuba, nos dimos cuenta que nosotros no queríamos eso para nuestro país. Muchos llegamos a pensar en crear un movimiento de jóvenes venezolanos por una Venezuela no cubanizada. Lo que vimos en Cuba es horrible. Allí hay dos cubas: una en las calles y otra en las aulas donde nos metían a nosotros".
Hidalgo cuenta que el Frente Francisco de Miranda se convirtió en un fiasco. "Nos dijeron que el FFM se convertiría en los ojos de la revolución, pero resulta que revolución con hambre no dura. A nosotros nos prometieron un sueldo y nunca nos pagaron ni un bolívar. Nos prometieron trabajo y no nos dieron nada. Nos utilizaron. Hicimos un censo en todo el estado. Realizamos encuestas preguntando, por ejemplo, ¿usted está dispuesto a tomar un fusil para defender la revolución? ¿está dispuesto a armarse y defender a Venezuela de una invasión? La gente se asustaba cuando les preguntábamos esas cosas. Otras veces hicimos encuestas y censos para ver si la gente quería sacarse la cédula".
Gustavo Azocar Alcalá

Un sobreviviente venezolano del adoctrinamiento
en Cuba, Douglas Eduardo Hidalgo Vargas, decidió
contar su historia en La Habana.
San Cristóbal.- Muchos meses antes de que un grupo de oficiales venezolanos se fuera a Cuba como parte de la Promoción Fidel Castro, con viáticos y gastos pagados por la revolución bolivariana, un contingente de jóvenes venezolanos, llegados de Zulia, Caracas, Miranda, Carabobo, Anzoátegui, Mérida, Trujillo y Táchira, vivió en la ciudad de La Habana una de las experiencias más dramáticas y espeluznantes de sus vidas.
Eran aproximadamente dos mil jóvenes (un millar de Zulia, 180 de Táchira, 200 de Miranda, 120 de Mérida, 40 de Anzoátegui, 60 de Carabobo, 400 de Caracas), con edades entre 18 y 30 años, la mayoría de los cuales fueron convencidos de ir a Cuba en marzo de 2004, para realizar un Curso de Formación de Trabajadores Sociales, con la promesa de que a su regreso, dos meses más tarde, conseguirían trabajo -y salario- fijo y la estabilidad económica y social que no tenían en ese momento. Muchos de ellos desconocían, sin embargo, que la gran prueba sería un camino lleno de obstáculos. Uno de los casi dos mil jóvenes que viajó a La Habana en marzo de 2004, decidió contar la historia de aquel dramático viaje al denominado "mar de la felicidad". Su nombre: Douglas Eduardo Hidalgo Vargas, titular de la cédula de identidad 13.153.153, nacido en Capacho, Estado Táchira.
Hidalgo es reservista, y desde 1998 fue cautivado por el discurso revolucionario de Hugo Chávez Frías. En el año 2003 se fue como voluntario a colaborar con la Revolución. Llegó al Fuerte Murachí, en Vega de Aza, y se integró a la reserva, entre otras cosas, porque no tenía trabajo, su mamá estaba enferma y escuchó al Presidente decir que quienes pertenecieran a la reserva recibirían un salario.
De reservista a balsero
Cuando se encontraba en la reserva, Hidalgo fue invitado a integrar la Quinta Avanzada del Frente de Luchadores Sociales Francisco de Miranda, una organización prochavista, conformada mayoritariamente por jóvenes venezolanos que serían enviados a la Isla de Cuba a un curso de formación y preparación revolucionaria, y que tiempo después, se haría cargo del proceso de cedulación llamado Misión Identidad. "Nos hicieron un examen que daba risa. Tenía cinco preguntas muy estúpidas, como por ejemplo, ¿cómo se llama el presidente de Brasil? Juan Pablo Segundo, Diego Maradona, Pelé, o Lula Da Silva?". Hidalgo dice que se fue emocionado, como parte de la Quinta Avanzada. Las avanzadas eran delegaciones integradas por más de mil jóvenes, que salían cada dos meses desde Caracas con destino a La Habana. Cada avanzada era instalada en una escuela o en una universidad de La Habana. La mayoría de las veces las delegaciones llegaban a sitios diferentes, de modo que cada grupo se identificaba por el nombre de la escuela o la universidad donde había sido hospedado.
Antes que Douglas y su grupo llegaran, unos 8 mil jóvenes ya habían estado en el "mar de la felicidad". Los cursos de formación en La Habana comenzaron a mediados de 2003. Douglas cuenta que él y sus amigos salieron del terminal de pasajeros de San Cristóbal, a bordo de una unidad de Expresos Los Llanos, el 11 de marzo de 2004. Viajaban 180 jóvenes tachirenses en aproximadamente cuatro autobuses. Llegaron a Caracas el 12 de marzo. Les dieron un pasaporte provisional. "Era una hoja de papel, con unas estampillas y un sello. Costaba 7 mil 500 bolívares". Partieron hacia La Habana el 13 de marzo. Se fueron en un vuelo de Cubana de Aviación que despegó desde la rampa 4 del aeropuerto de Maiquetía; es decir, desde la rampa presidencial. En el avión, Douglas se enteró que su delegación la integraban 2.000 jóvenes, de los cuales mil eran del Estado Zulia, 180 del Táchira y el resto de Carabobo, Miranda, Mérida, Trujillo, Caracas y Anzoátegui, y otras partes del país. "Habían muchas mujeres, algunas de ellas casadas, algunos profesionales, estudiantes y hasta turistas, gente que lo que en realidad quería era pasear gratis".
Rutina en La Habana
Una vez en la capital cubana, fueron recibidos con un coro que decía "¡Uh, ah, Chávez no se va!". Los instalaron en la sede de una universidad y comenzó la rutina. Douglas Hidalgo resume así uno de los días típicos en la isla: 5:00 am Toque de diana, como en el Ejército. Himno de "Uh, ah, Chávez no se va". Música de Silvio Rodríguez o Alí Primera. 6:00 am Desayuno. La comida era abundante. Tanto, que algunos le regalaban la mitad a los mesoneros. "Yo le pregunté a una señora si en Cuba se comía tanto así. Y ella me respondió que para los venezolanos la comida sobraba, pero para los cubanos no había nada". 7:00 am Obra teatral en el auditorio. El montaje siempre tenía que ver con el tema de la revolución, contra el imperialismo o contra los yanquis. 8:30 am Clases en salones. Veíamos siete materias: psicología, castellano, organización de trabajo comunitario, trabajo comunitario, comunicación social y pensamiento bolivariano. 11:00 am Almuerzo. Comíamos en cuatro turnos, cada uno de 500 personas. 1:00 pm Clases otra vez, con las mismas materias. 6:00 pm Cena. 7:00 pm Conferencia dictada por un funcionario del gobierno. Siempre empezaban igual: "Somos un país con 45 años de lucha contra Estados Unidos y el imperialismo".
Algunas veces hablaban de Elián González. Terminaba a las 10 de la noche. A esa hora daban una merienda. 11:00 pm Se nos ordenaba hacer las tareas hasta la 1:00 am. Luego a dormir hasta las cinco de la mañana para comenzar otra vez. Douglas cuenta otro detalle de su adoctrinamiento: "Todas las noches nos daban un cigarro horroroso de muy mal sabor. Nos daban de tres a seis cajas semanales. Mucha gente se enfermó con esos cigarros. Podría decirse que Cuba es la única parte del mundo donde los profesores les regalan cigarros a los alumnos".
Suicidio a la cubana
Douglas Hidalgo cuenta que muchas personas que se fueron en la Quinta Avanzada, se enfermaron. Algunas intentaron suicidarse tomando pastillas. "En mi unidad hubo cuatro intentos de suicidio. Personas que se querían regresar a Venezuela y no las dejaban, estuvieron a punto de quitarse la vida. El curso se transformó en algo insoportable. Apenas podíamos dormir cuatro o cinco horas diarias. No podíamos salir, en todo momento estábamos vigilados. Nos impedían hablar con la gente. No podíamos llamar por teléfono a nuestras familias en Venezuela. Estábamos aislados". Entre quienes atentaron contra su vida estaban dos jóvenes provenientes de Maracaibo. Dice Douglas que "se tomaron un montón de pastillas". Estaban obstinadas, desesperadas porque no podían hablar con sus padres. "Llamar por teléfono a Venezuela era imposible, porque una tarjeta costaba cinco dólares. Además, nos tenían acosados y hostigados con el ritmo de trabajo, la madrugadera, las clases y las conferencias". Habla también de una muchacha tachirense, de la población de La Concordia, que intentó quitarse la vida. Se escapó varias veces, porque quería regresar. Estaba tan deprimida que la regresaron en el primer vuelo que salió para Maiquetía. Dice que a otras personas tuvieron que llevarlas al psicólogo. "Muchas de las personas que viajaron creyeron que iban a un viaje de placer. Pensaron que iban a disfrutar, a bailar, a gozarse la vida en Varadero y a bailar en el Tropicana. A muchos, el curso no les importaba para nada, porque la intención era viajar y disfrutar. Cuando se dieron cuenta de dónde estaban metidos, enloquecieron. Hubo jóvenes que se tomaron diez pastillas y que preferían morirse antes que seguirse calándose eso". Dos islas diferentes "Estando en Cuba, nos dimos cuenta que nosotros no queríamos eso para nuestro país. Muchos llegamos a pensar en crear un movimiento de jóvenes venezolanos por una Venezuela no cubanizada. Lo que vimos en Cuba es horrible. Allí hay dos cubas: una en las calles y otra en las aulas donde nos metían a nosotros".
Hidalgo cuenta que el Frente Francisco de Miranda se convirtió en un fiasco. "Nos dijeron que el FFM se convertiría en los ojos de la revolución, pero resulta que revolución con hambre no dura. A nosotros nos prometieron un sueldo y nunca nos pagaron ni un bolívar. Nos prometieron trabajo y no nos dieron nada. Nos utilizaron. Hicimos un censo en todo el estado. Realizamos encuestas preguntando, por ejemplo, ¿usted está dispuesto a tomar un fusil para defender la revolución? ¿está dispuesto a armarse y defender a Venezuela de una invasión? La gente se asustaba cuando les preguntábamos esas cosas. Otras veces hicimos encuestas y censos para ver si la gente quería sacarse la cédula".